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El ecosistema del emprendimiento

Instituciones internacionales de gran renombre y prestigio como el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), coinciden en que el emprendimiento constituye uno de los ejes principales de crecimiento económico, bien sea en países en vía de desarrollo o en aquellos con economías altamente desarrolladas, cambiando el paradigma de una economía basada en la producción industrial a la de economía de emprendimiento. En tal sentido, las empresas nacidas de estos emprendimientos se han consolidado como las principales generadoras de riqueza, desarrollo y empleo en nuestro país, y como una solución, en ocasiones poco valorada incluso por los mismos emprendedores al dejar el futuro de sus esfuerzos en manos del azar, o en algunos casos recurriendo nada más que a su instinto.

Es claro que existen diferencias entre un emprendimiento y otro, especialmente en aquellos originados en la urgencia de generar recursos para cubrir necesidades básicas, como ocurre en los países en vía de desarrollo, y los emprendimientos que son el producto de oportunidades de negocio como suelen ser los de los países con economías desarrolladas.

De acuerdo con el último estudio acerca de la Dinámica de creación de empresas en Colombia, publicado por Confecámaras, tan solo entre los meses de enero y marzo de 2021 se crearon 96.431 unidades productivas, 9,3% más que en el mismo periodo de 2020 cuando se crearon 88.248, de las cuales las microempresas componen el 99,6%, seguido por las pequeñas empresas con el 0,38% y el restante se encuentra en las medianas y grandes empresas con el 0,02%. Entre todas las nuevas empresas creadas, el 56.7% generaron por lo menos un empleo.

Sin embargo, en un estudio anterior, igualmente publicado por Confecámaras, se evidencia que más del 50% de las empresas, (sin contar las afectadas por el Covid-19) especialmente las pequeñas, fracasan en sus primeros cinco años de vida y entre el 20% y 30% cierran en su primer año. El 40% de los emprendimientos dirigidos por personas naturales, cierran antes de cumplir un año de funcionamiento. Estas cifras son preocupantes si tomamos en cuenta que en Colombia el 81% de los empleos son generados por estas compañías (PYMES) aportando cerca del 45% del PIB.

Entre las principales causas de deceso de empresas se destaca la mala gestión de los recursos económicos y de personal, al igual que la improvisación del empresario a la hora de contraer obligaciones, bies sea de tipo comercial, laboral o fiscal.

Es allí donde se hace imprescindible la formación de cultura empresarial de quienes acometen los emprendimientos, en el entendido de dar importancia a los aspectos accesorios de la compañía, es decir aquellos que no constituyen el objeto o la actividad principal del negocio, pero que afectan directamente el buen curso de la operación y la permanencia de aquellas empresas en el tiempo.

Mas allá de las diferencias que algunos teóricos en la materia han establecidos entre las Startups y los emprendimientos, aquellas empresas de las que todos conocemos, nacidas como Startups en condiciones desfavorables, muchas de ellas en un garaje, se convirtieron en gigantes multinacionales, gracias, no solo a una idea, un buen producto o un buen servicios, sino al ecosistema en que se cimentaron gracias a la visión y al apoyo que en su momento recibieron sus fundadores, rodeados de asesores, (financieros, legales, tributarios etc.) capacitación, asistencia técnica y tecnológica, capital de riesgo etc., formando con ello una cultura empresarial y un ecosistema que potenció el emprendimiento y lo escaló a alturas inimaginables en un principio por sus fundadores.

Las interacciones e intercambio de conocimiento entre el emprendedor y los agentes y partes de interés que confluyen en un ecosistema empresarial, contribuyen y marcan una gran diferencia entre aquel que solo considera y atiende a la calidad de su producto o servicio, con el emprendedor que suma y agrega valor a este, y más allá del bien o servicio que ofrece, ve al negocio de manera integral apoyándose en la asistencia que recibe de aquellos agentes expertos en la gestión de los asuntos accesorios de la actividad como las ya mencionadas, reduciendo el riesgo de eventuales perdidas en su aventura empresarial y generando confianza en futuros inversionistas que lleven a otro nivel el emprendimiento sobre bases técnicas, legales, financieras, contables y tributarias solidas.

La formación de cultura empresarial y el cambio en la concepción de gasto por el de inversión en los asuntos accesorios de las empresas en los que los emprendedores no son expertos, sumando al financiamiento los servicios reales de apoyo y avances en la economía colaborativa tomando como ejemplo los emprendimientos exitosos que fortalezcan las dinámicas innovadoras, sumando esfuerzos y talentos que establezcan y consoliden estos ecosistemas; aportaría en gran medida a reducir el nivel de fracaso de los emprendimientos incrementando las tasas de empleo de nuestras empresas y los índices de crecimiento económico del país.

Willington Morales R. –  Socio MA&AA

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