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Suscripción de acciones

Todas las sociedades por acciones en algún momento requieren de capital adicional al inicialmente suscrito o pagado, incluso al autorizado, en ocasiones para soportar la operación de la compañía, con miras a su expansión o por una razón diferente. Esa inyección de capital, ocasionalmente opera por vía de capitalizaciones de créditos, de reservas, de utilidades, de la prima de colocación de acciones, etc; o bien mediante adquisición de deuda a través de la emisión de bonos. No obstante, lo usual es recurrir a los mismos socios o a terceros con el fin que sean estos quienes, mediante el aporte de recursos frescos, aumenten el capital pagado y suscrito establecido en los estatutos sociales mediante la suscripción de nuevas acciones emitidas por la compañía. En el evento que en los estatutos se haya establecido el derecho de preferencia de suscripción de acciones como esa prelación con la que cuenta la sociedad o los asociados para que a aquella o a éstos les sean ofrecidas esas acciones en primer lugar antes que a terceros interesados, así deberá procederse, so pena de viciarse la operación de ineficacia en el caso de las SAS, o de nulidad en el caso de las sociedades reguladas en el Codigo de Comercio.

Ahora bien, ya sea que se trate de una SAS regulada por la Ley 1258 de 2008, o de una sociedad por acciones de las reguladas en el Código de Comercio (Anónima y En Comandita por Acciones) la suscripción de acciones es un contrato celebrado entre un oferente y un suscriptor, quienes se obligan al cumplimiento de las disposiciones establecidas en el reglamento de suscripción de acciones que para tales fines habrá de elaborar y aprobar el máximo órgano social, y en el caso del suscriptor adherirse a los estatutos sociales de la compañía. (en el contrato de suscripción no podrá pactarse estipulación alguna que origine una disminución del capital suscrito o del pagado)

El mencionado contrato es un negocio consensual que no requiere de mayores formalidades, el cual se perfecciona con la simple aceptación de la oferta por parte del destinatario de esta, surgiendo para este, además de las mencionadas, la obligación de pagar el precio establecido, y para la sociedad emisora la de emitir los títulos y reconocer la calidad de accionista del suscriptor e inscribirlo como tal en el libro de registro de accionistas.

Ahora, de acuerdo con la jurisprudencia emitida por la Superintendencia de Sociedades, la sola aceptación de la oferta conlleva el perfeccionamiento del negocio y el reconocimiento del suscriptor como accionista, más allá que este haya efectuado o no la totalidad del pago de las acciones ofrecidas; lo anterior en concordancia con el artículo 384 del Código de Comercio el cual señala que «La suscripción de acciones es un contrato por el cual una persona se obliga a pagar un aporte a la sociedad de acuerdo con el reglamento respectivo y a someterse a sus estatutos. A su vez la compañía se obliga a reconocerle la calidad de accionista y a entregarle el título correspondiente». De lo anterior se desprende que el destinatario, una vez ha aceptado la propuesta, se convierte en suscriptor y como tal puede ceder su derecho de suscripción. “Esta prerrogativa se infiere, entre otras normas, de la previsión contenida en el artículo 389, que le permite al simple destinatario de la oferta (salvo previsión en contrario) negociar el derecho de suscripción de acciones “desde la fecha de aviso de oferta” (F. Reyes Villamizar, Derecho Societario 4ª Ed. Pág. 393)

Por su parte, la sociedad deberá llevar un registro de los pagos efectuados por el accionista así como los saldos pendientes, y mientras este se encuentre en mora de pagar las cuotas de las acciones que haya suscrito, no podrá ejercer los derechos inherentes a ellas. Igualmente, conforme el articulo 397 del estatuto mercantil, la sociedad puede, a elección del órgano de administración a quien corresponda, acudir (…) al cobro judicial, o a vender de cuenta y riesgo del moroso y por conducto de un comisionista, las acciones que hubiere suscrito, o a imputar las sumas recibidas a la liberación del número de acciones que correspondan a las cuotas pagadas, previa deducción de un veinte por ciento a título de indemnización de perjuicios, que se presumirán causados. Las acciones que la sociedad retire al accionista moroso las colocará de inmediato.”

Ahora bien, existen circunstancias en las que no se exige la elaboración del mencionado reglamento de suscripción de acciones, para lo cual bastará solo con la autorización del máximo órgano social. Estos eventos son: I. En la capitalización de créditos, II. En la capitalización de la cuenta de revalorización, III. En la capitalización de reservas, y IV. En la capitalización de dividendos. “Se trata de aquellos casos en que la determinación adoptada por la sociedad afecta en forma homogénea a la totalidad de los accionistas, sin que sea menester regular las condiciones de la oferta” (F. Reyes Villamizar, Derecho Societario 4ª Ed. Pág. 394)

Por último, para las sociedades sometidas al control de la Superintendencia de Sociedades, el artículo 390 del Código de Comercio prevé que para la colocación de acciones, estas sociedades deberán obtener autorización, previa solicitud acompañada del reglamento a que alude el artículo 386 del mismo estatuto, so pena de ineficacia, es decir que de pleno derecho el acto que se lleve a cabo sin la autorización referida no produce efecto. No obstante, en tal evento los suscriptores podrán sanear el acto por ratificación expresa, o tácita, una vez obtenida la referida autorización.

Área de Derecho Societario – MA&AA

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